lunes, febrero 27, 2006

GRITOS RACISTAS EN ZARAGOZA

MARIO ORNAT. DIARIO AS.

Por qué la dignidad de Etoo ha de ser mayor que la dignidad de Guti cuando le cantan maricón. O la de quienes soportan insultos a la Virgen del Pilar; por qué ha de ser mayor que la de quienes aguantan el "¡ETA, mátalos!". O que la de Roberto Carlos, herido e insultado en el Camp Nou. O la del árbitro al que 30.000 se le ciscan en la madre. O la de Expósito, escupido por... Etoo. ¿Se van del campo? No, aunque su dignidad esté abrasada.El racismo es un asunto demasiado serio como para convertir a Etoo en Luther King. O para igualar su escenita con el precioso puño enguantado de John Carlos y Tommie Smith en el verano del 68 en México. No nos la cojamos con papel de fumar: el fútbol no es una reunión adánica de bienpensantes, libres del pecado original. Eso no excluye la denuncia ni la educación frente a esta basura. El fútbol es sublime y despreciable pero no es la sociedad. No. Así que Etoo no es Nelson Mandela. Etoo no es Stephen Biko. Etoo no es Rodney King. Etoo es sólo un futbolista demasiado maravilloso y demasiado pueril. Y la dignidad es como el culo: que todos tenemos una.

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1 comentario:

reciclator dijo...

Llamar escenita a un gesto de dignidad me parede un poco frío. No importa lo que otros hayan podido hacer por su lucha en favor de las igualdades y el respeto a los derechos humanos, cuando a uno le increpan y ofenden está en su derecho a no aguantarlo. Hagan uh, uh,uh a uno o le llamen maricón (por respeto a los maricones) a otro es del todo inaceptable. La gente se reune en el campo para disfrutar, pasarlo bien y disipar alguna que otra energía, y si los directivos no son capaces de eliminar los insultos de las graderías, nos lo tendrán que empezar a enseñar los jugadores.

Deberían cerrar el campo del Zaragoza y otros hasta que no presentara un plan para perseguir actuaciones xenófobas de sus seguidores.

No hay insultos comparables, todos molestan. Bien hecho, Etoo, no hace falta ser Mandela, Gandhi o Luther King para defender la dignidad de las personas.