domingo, enero 15, 2006

PERSONAJES DE LA TRANSICIÓN: MANUEL GUTIERREZ MELLADO


Nació en Madrid en 1912 y murió en Guadalajara en 1995. Militar de vocación, en 1973 fue ascendido a general de división y se le encomendó la Comandancia General de Ceuta dos años después. Ese mismo año fue promocionado a Teniente General y nombrado Capitán General de la VII Región.

Desempeñó la vicepresidencia primera del gobierno para Asuntos de la Defensa (1976) y continuó en el cargo en el gabinete formado tras las elecciones generales del 15 de junio de 1977 procurando mantener a las fuerzas al margen de las tensiones políticas durante los primeros años de la transición.

Se mantuvo como Vicepresidente primero para Asuntos de la Seguridad y Defensa Nacional en los sucesivos Gobiernos Suárez desde 1979 hasta febrero de 1981.

En 1936, como teniente de artillería, se alzó con su regimiento contra la República, fue hecho prisionero, huyó, se refugió en una embajada y pasó a la zona sublevada. Regresó luego a la zona republicana donde actuó como agente de la información franquista hasta el final de la guerra. Reintegrado al Ejército, se diplomó en Estado Mayor. Conocedor de los servicios de información, prestó servicio durante mucho tiempo en el Alto Estado Mayor y mantuvo amplios contactos con instituciones militares extranjeras. Trabajó algunos años en el INI y, para compensar su corto sueldo, realizó traducciones del inglés.

Se enfrentó a Tejero cuando éste invadió el Congreso con un grupo de guardias civiles el 23 de febrero de 1983. Fue miembro del Consejo de Estado desde 1984 y presidente de la Fundación contra la Droga. En 1994 fue nombrado, con carácter honorífico Capitán General del Ejército.




Sin duda, la imagen más conocida de Gutiérrez Mellado se produjo durante el golpe de estado del 23 de febrero de 1981. Levantándose de su escaño, acudió presto a pedir explicaciones a los golpistas. Estos intentaron zancadillearle. Esa escena, de varios guardias tratando de reducir a un hombre de casi setenta años, ha quedado grabada en la memoria de muchos españoles y simboliza la irreversibilidad del proceso democrático.

La inquietud y el desasosiego que la ruptura encubierta por la reforma traería consigo, dieron origen a múltiples incidentes en los que se puso a prueba la escasa simpatía y la repulsa generalizada hacia el teniente general Gutiérrez Mellado, pero también la tenacidad del mismo para cumplir la orden recibida y que puede acertarse trayendo a colación aquello que dijo con ese tono acre que le identificaba: “Pase lo que pase, el Ejército no se moverá”

Creo que no admite dudas el talante democrático del ilustre general reformista.


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